Mercedes-Benz se ríe del alce que volcó su primer Clase A: así convirtió un escándalo en leyenda

En 1997, Mercedes-Benz apostó por una nueva era con el lanzamiento del Clase A, su primer modelo urbano de 3,5 metros de largo. Pero un alce se cruzó en su camino, y lo que comenzó como una pesadilla se convirtió en el punto de inflexión que revolucionó la seguridad automotriz.

Cuando la seguridad se convierte en un icono

Mercedes siempre había sido sinónimo de grandes berlinas, lujosos todoterrenos como el Clase G y coches de representación. Los 190 y posteriormente los Clase C eran las propuestas más asequibles para una persona normal. Por eso, cuando la marca decidió meterse en el segmento de los coches urbanos, la apuesta era arriesgada. Su producto debía ser lo suficientemente bueno como para mantener el status labrado a lo largo de los años en segmentos superiores.

El Clase A comenzó a fraguarse con la presentación del «Vision A 93» en el Salón de Frankfurt de 1993. Se trataba del embrión que daría origen al primer modelo urbano de Mercedes, un modelo absolutamente necesario para una marca que quería crecer y buscar volumen en un segmento que por aquel entonces funcionaba.

El nacimiento de un revolucionario

El Mercedes Clase A W168 fue presentado en el Salón de Ginebra de 1997. Mercedes prometía que el Clase A sería capaz de integrar en su contenido tamaño hasta veinte innovaciones tecnológicas jamás vistas en su segmento. Con solo 3,5 metros de largo, conseguía obtener un espacio interior realmente amplio gracias a una carrocería de monovolumen compacto que rompía por completo con todo lo conocido hasta la fecha.

El desarrollo comenzó en 1993, pero fueron muchos años de trabajo hasta que finalmente el Clase A fue presentado en sociedad. Aquel primer Clase A prometía marcar un antes y un después, especialmente por una novedosa arquitectura en la que había un espacio entre el habitáculo y el suelo del vehículo que además de mejorar en términos de seguridad, también permitiría albergar sistemas necesarios en los Clase A del futuro como las baterías (pensando ya en versiones eléctricas) o cilindros de hidrógeno.

La modularidad que lo cambió todo

Otra de sus características destacadas era la modularidad interior. Gracias a su configuración con asientos independientes, podría configurarse con cuatro, tres, dos o incluso un asiento y utilizar el resto del espacio como superficie de carga. Hasta 72 configuraciones diferentes eran posibles.

A nivel de seguridad pasiva según Mercedes, el nuevo Clase A estaba al mismo nivel que un Clase E. Parecía que habían dado en el clavo, todo el mundo hablaba maravillas de él, y todo parecía indicar que su nuevo producto iba a conseguir todos los objetivos fijados. Hasta que se cruzó un alce en su camino.

La histórica prueba del alce

Del Clase A llamaba especialmente la atención su altura de carrocería y la corta distancia entre ejes. Era uno de esos coches altos, cortos y estrechos que parece imposible que tenga la estabilidad adecuada.

Durante las pruebas iniciales que los medios especializados hacían al nuevo modelo, infinidad de torturas para poner a prueba la parte dinámica del mismo, hubo una en la que el Clase A parecía hacer aguas. La comunmente conocida como ‘la prueba del alce’ se trata de una maniobra de esquiva sin frenada a una velocidad de entre 75 y 80 km/h que simula la aparición de un obstáculo en la calzada que tienes que esquivar, algo muy típico en los países nórdicos cuando los alces deciden cruzar de repente la carretera sin avisar.

En una de esas maniobras durante las pruebas realizadas por el periodista de motor sueco Robert Collin, de Teknikens Värld, el pequeño Clase A perdió su estabilidad con relativa facilidad, levantó las ruedas del asfalto y volcó. Comenzó entonces una de las mayores pesadillas de la historia para Mercedes.

El escándalo que paralizó ventas

Aquella reacción dinámica no distaba demasiado de cómo se comportaban muchos otros modelos a la venta por aquel entonces (e incluso ahora), pero algunos medios con mucho peso debían de tener alguna cuenta pendiente con Mercedes y el ataque fue despiadado. El Mercedes Clase A volcando fue imagen de portadas de revista especializadas, periódicos e incluso televisiones de todo el mundo en una campaña que de haberse producido hoy en día con Internet, hubiésemos considerado viral.

Las ventas del Clase A, que apenas llevaba unos días en los concesionarios de todo el mundo, se pararon en seco. Nadie quería comprar un coche peligroso, y el escándalo fue tal que la propia Mercedes tuvo que tomar cartas en el asunto.

Las entregas de Clase A se pararon mientras investigaban qué pasaba y cómo solucionarlo. Eran los tiempos en que la electrónica comenzaba a hacer acto de presencia en el automóvil, con sistemas de ABS ya de serie en muchos modelos.

La solución que cambió la industria

La solución a esos problemas de estabilidad pasaron por revisar el sistema de suspensión posterior e incorporar un sistema que jamás habíamos visto en un coche de su segmento, el control electrónico de estabilidad ESP. Con ellos, se anulaba ese potencial riesgo de vuelco en esa maniobra extrema.

Desde 1998, solo un año después de su lanzamiento al mercado, todos los Mercedes Clase A incorporaban el control electrónico de estabilidad como parte de la dotación de serie, algo que por otro lado luego se haría extensivo a otros modelos de clases superiores.

El alce que cambió los sistemas de seguridad

Un viernes de hace ya unos cuantos años la ciudad de Amsterdam fue el punto elegido por Mercedes para presentar la cuarta generación de su modelo más vendido en todo el mundo, el Clase A. Miles de periodistas llegados de todo el planeta, se daban cita en la ciudad de las bicicletas para conocer el nuevo modelo en un evento que en cierta medida trata de emular a las keynote de Apple.

La presentación tendría lugar a las 19 horas y sería emitida en streaming para todo el mundo, por lo que mientras todos los periodistas íbamos llegando a Amsterdam, la marca había programado una serie de actividades para que fuésemos empapándonos del Clase A.

Una de las más interesantes, fueron charlas en un cine en las que nos contaron curiosidades sobre este modelo, desde cómo fue el proceso de pruebas virtuales y reales del nuevo modelo, hasta un repaso por la historia de las cuatro generaciones del Clase A.

Mercedes se ríe de sí misma

Al comienzo de la ponencia nos sorprendieron con un «Gracias, alce. Gracias por cruzarte en el camino del Clase A de primera generación. Gracias a ti, desde entonces todos nuestros coches incorporan control de estabilidad de serie, y por tanto son más seguros».

Eso y que un alce gigante diese la bienvenida a todos los periodistas asistentes a la World Premiere del nuevo Clase A fue sin duda una llamativa forma de darle la vuelta a un problema que, siendo realistas, no se tomaron precisamente a broma en su momento. Muchos trabajadores de Mercedes tuvieron pesadillas en su momento con un alce, pero ahora, después de haber vendido millones de unidades de todas las generaciones del Clase A desde octubre de 1997, parece que ya han superado el trauma.

Mercedes convirtió un escándalo que podría haber acabado con su reputación en una lección magistral de resiliencia corporativa. El alce que casi hunde al Clase A se convirtió en el héroe anónimo que salvó millones de vidas al obligar a la industria a adoptar sistemas de seguridad que hoy consideramos imprescindibles.

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