Y tú, ¿cómo ligas?

Y tú, ¿cómo ligas?

La masculinidad heterosexual en crisis: entre la defensa de Paco Salazar y la pregunta machista de Alfonso Serrano

La semana pasada, Paco Salazar compareció en una comisión del Senado, donde afirmó que siempre había tratado con respeto a todas las mujeres con las que había trabajado. Esta semana, Íñigo Errejón solicitaba el archivo de la causa abierta en su contra por presuntas agresiones sexuales. Entre medias, Alfonso Serrano, en defensa del alcalde de Móstoles, preguntaba a un periodista: «Y tú, ¿cómo ligas?»

Vivimos tiempos pésimos, pero también una coyuntura que puede servir para enterrar todos aquellos rasgos de la masculinidad incompatibles con el feminismo. Urge abrir un debate en profundidad sobre la masculinidad heterosexual y, con él, la necesidad de contar con ejemplos y referentes. Para eso es imprescindible replantear todas las nociones asociadas al comportamiento masculino heterosexual. Como reclamaba la politóloga Alicia Valdés el pasado 25-N: «Necesitamos nuevos modelos de masculinidad que estén más vinculados a una emancipación, a una forma de ser un hombre deseable de otra manera.»


La semana que sacudió los cimientos de la masculinidad política

La sucesión de eventos de la última semana ha puesto en evidencia las contradicciones y tensiones que atraviesan la masculinidad heterosexual en el ámbito público. Mientras algunos intentan defenderse de acusaciones presentándose como respetuosos y correctos, otros buscan cerrar procesos judiciales que podrían cambiar sus carreras políticas para siempre. Y en medio, gestos que parecen sacados de otra época, como la pregunta de Alfonso Serrano a una periodista sobre cómo liga, que han desatado una ola de críticas y reflexiones.

Paco Salazar, ex alto cargo del Ministerio de Transportes, compareció ante la comisión del Senado que investiga el caso Koldo. Allí, con rostro serio y tono mesurado, declaró: «Siempre he tratado con respeto a todas las mujeres con las que he trabajado.» La frase, que podría parecer un lugar común, adquiere un matiz especial en un contexto donde las acusaciones de acoso y abuso de poder salpican a numerosos políticos y empresarios.

Por su parte, Íñigo Errejón, líder de Más Madrid, presentó un escrito ante el juzgado solicitando el archivo de la causa abierta en su contra por presuntas agresiones sexuales. En un comunicado, Errejón afirmó que «la justicia debe ser rápida y eficaz, y no puede haber seguridad jurídica con bandazos constantes que dañan la reputación de las personas.» La causa, que ha mantenido en vilo a la izquierda madrileña durante meses, parece encaminarse a su fin, aunque las sombras sobre el comportamiento del político persisten.

Pero sin duda, la imagen que más ha dado que hablar ha sido la de Alfonso Serrano, dirigente del PP madrileño, durante una rueda de prensa en la que defendía al alcalde de Móstoles, Noelia Posse, salpicado por un escándalo de contratos irregulares. En un momento de la comparecencia, Serrano se dirigió a una periodista presente y le preguntó: «Y tú, ¿cómo ligas?» La pregunta, fuera de lugar y de tono, provocó un silencio incómodo en la sala y una oleada de críticas en redes sociales.


¿Qué está pasando con la masculinidad heterosexual?

Los tres episodios, aunque distintos, apuntan a una misma realidad: la masculinidad heterosexual está en crisis. Las formas tradicionales de ser hombre, basadas en el poder, la dominación y el control, están siendo cuestionadas como nunca antes. El feminismo ha logrado instalar en el debate público la idea de que muchas de estas conductas no solo son problemáticas, sino que son constitutivas de un sistema de opresión.

Alicia Valdés, politóloga y activista feminista, lo explica con claridad: «Necesitamos nuevos modelos de masculinidad que estén más vinculados a una emancipación, a una forma de ser un hombre deseable de otra manera.» Para Valdés, el problema no es solo individual, sino estructural. «El patriarcado nos ha enseñado a los hombres que nuestro valor reside en nuestra capacidad para dominar, para tener éxito, para seducir. Pero eso es insostenible. No solo es dañino para las mujeres, sino para nosotros mismos.»

La crisis de la masculinidad heterosexual se manifiesta de múltiples formas. Por un lado, están los intentos de defensa, como el de Paco Salazar, que buscan presentarse como respetuosos y correctos para evitar el estigma de ser considerados machistas o abusadores. Por otro, están los gestos de desesperación, como el de Alfonso Serrano, que revelan una incomodidad profunda ante los cambios en las relaciones de género.


La necesidad de nuevos referentes masculinos

Si algo ha quedado claro esta semana es que urge abrir un debate en profundidad sobre la masculinidad heterosexual. No se trata solo de condenar conductas problemáticas, sino de imaginar nuevas formas de ser hombre que sean compatibles con la igualdad y el respeto.

Íñigo Errejón, a pesar de las sombras que lo persiguen, ha intentado posicionarse como un referente de esta nueva masculinidad. En su comunicado pidiendo el archivo de la causa, afirmó: «La seguridad jurídica es fundamental para todos, pero también lo es la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.» La frase, aunque dirigida a un tema legal, puede leerse como un llamado a la coherencia en las prácticas cotidianas.

Pero los referentes no solo deben venir de la política. Alicia Valdés insiste en que «necesitamos ejemplos en todos los ámbitos: en la cultura, en el deporte, en el arte, en la ciencia.» Para la politóloga, lo importante es que estos referentes muestren que «ser hombre no tiene por qué significar dominar, sino cuidar; no tener éxito a cualquier precio, sino construir relaciones basadas en el respeto y la empatía.»


Los desafíos del cambio

Replantear la masculinidad heterosexual no es tarea fácil. Implica cuestionar creencias y prácticas profundamente arraigadas, y eso genera resistencias y malestares. La pregunta de Alfonso Serrano a la periodista, por ejemplo, puede interpretarse como un intento de recuperar un terreno perdido, de recordar que los hombres todavía tienen el poder de decidir sobre los cuerpos y los deseos de las mujeres.

Pero también puede leerse como un síntoma de la incomodidad que muchos hombres sienten ante los cambios. «Antes, ligar era sencillo. Ahora, con el feminismo, todo se complica,» parece decir la pregunta de Serrano. El problema es que esa complicación es necesaria. Como afirma Alicia Valdés: «Si ligar implica cosificar a las mujeres, entonces es mejor que se complique. Porque lo que está en juego no es solo el placer individual, sino la dignidad de todas las personas.»


Hacia una nueva masculinidad

La semana que ha sacudido la política española puede ser el comienzo de un cambio profundo en la forma en que entendemos la masculinidad heterosexual. Los episodios de Paco Salazar, Íñigo Errejón y Alfonso Serrano nos muestran que el debate está abierto, que las contradicciones son muchas, pero también que hay una voluntad de transformación.

Como concluye Alicia Valdés: «No se trata de condenar a los hombres, sino de invitarlos a ser parte de la solución. Necesitamos hombres que se sientan libres para llorar, para cuidar, para equivocarse y aprender. Hombres que entiendan que su valor no reside en su capacidad para dominar, sino en su habilidad para construir relaciones basadas en el respeto y la igualdad.»

La pregunta que queda en el aire es si estamos dispuestos a acompañar este proceso de transformación, o si seguiremos aferrados a formas de ser hombre que cada vez se parecen más a un anacronismo.


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