Ucrania se niega a reparar el oleoducto Druzhba: «No suministraremos petróleo ruso a Orbán mientras maten a nuestros soldados»
Kiev mantiene cerrado el flujo de crudo a Hungría y Eslovaquia pese a la presión de Bruselas y Moscú
Kiev, 5 de marzo de 2026 – En una conferencia de prensa que ha sacudido los cimientos de la política energética europea, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha lanzado un mensaje contundente: Ucrania puede reparar el oleoducto Druzhba en «un mes o mes y medio», pero no tiene «ninguna razón técnica o de seguridad para hacerlo».
«Les seré franco: mi postura, que es compartida con los líderes europeos, es que yo no repararía el oleoducto», declaró Zelenski ante la prensa internacional congregada en Kiev. La declaración llega en medio de una escalada diplomática sin precedentes que enfrenta a Ucrania con dos Estados miembros de la UE y con el Kremlin.
El chantaje energético que paraliza a Europa
El oleoducto Druzhba, que significa literalmente «amistad» en ruso, transporta petróleo ruso desde Siberia hasta los centros de refinado de Hungría y Eslovaquia. Sin embargo, a finales de enero, un ataque con drones rusos dañó severamente la infraestructura en territorio ucraniano, interrumpiendo el flujo.
Lo que parecía un incidente más en la guerra se ha convertido en una crisis diplomática de dimensiones colosales. Viktor Orbán y Robert Fico acusaron a Kiev de utilizar el oleoducto como arma de presión política y vetaron en Bruselas el préstamo de 90.000 millones de euros que la Unión Europea pretendía conceder a Ucrania.
«Algunas cosas no tienen precio», afirmó Zelenski, refiriéndose a las vidas ucranianas. «Mientras los rusos están matando ucranianos, no deberíamos preocuparnos por suministrar petróleo ruso a Orbán».
La amenaza velada de Zelenski a la UE
El presidente ucraniano elevó el tono de sus declaraciones con una advertencia directa a los líderes europeos: «Espero que nadie en la UE impida el pago del préstamo de 90.000 millones de euros, que utilizaremos para armar a los soldados ucranianos. De lo contrario, daremos a nuestros soldados el número de teléfono de la persona que lo impida, y así podrán hablar entre ellos en su lengua materna».
La frase, cargada de ironía y amenaza implícita, ha sido interpretada como una invitación a que los soldados ucranianos se comuniquen directamente con los políticos europeos que bloquean la ayuda, en perfecto ruso.
Putin entra en escena con oferta condicional
Mientras tanto, el presidente ruso Vladímir Putin recibió en Moscú al ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, en una reunión que ha reavivado las tensiones. Putin calificó a Hungría y Eslovaquia como «los socios más fiables» y se comprometió a continuar con los suministros.
«Pero esto será así, por supuesto, si los dirigentes de estos países continúan con la misma política que ahora, es decir, que sigan siendo socios fiables», añadió el mandatario ruso, dejando entrever que el suministro podría cortarse si Hungría cambiara su postura.
Hungría presenta «pruebas» que Ucrania rechaza
Orbán ha ido más allá, presentando imágenes por satélite que, según él, demuestran que el oleoducto ya no tiene problemas técnicos. «Las imágenes no prueban nada», replicó Zelenski, manteniendo que la seguridad de la infraestructura no está garantizada mientras continúen los bombardeos rusos.
El primer ministro húngaro ha propuesto enviar una comisión de investigación independiente a Ucrania, pero Kiev ha rechazado la propuesta argumentando riesgos para la seguridad. «No podemos arriesgar a inspectores internacionales en una zona de guerra activa», explicó un portavoz presidencial.
La posición europea dividida
La crisis ha expuesto las profundas divisiones dentro de la Unión Europea. Mientras países como Polonia, los Estados bálticos y los escandinavos apoyan la postura de Kiev, Hungría y Eslovaquia mantienen una posición más próxima a Moscú, defendiendo sus intereses energéticos.
La Comisión Europea se encuentra en una posición incómoda, tratando de mediar entre sus socios sin lograr desbloquear la situación. Fuentes diplomáticas consultadas por este medio indican que «la paciencia de Bruselas se está agotando, pero no pueden permitirse una ruptura con dos Estados miembros».
Un alto el fuego como condición
En una entrevista concedida al diario italiano ‘Corriere della Sera’, Zelenski estableció una condición clara: «Es necesario un alto el fuego para reparar el oleoducto de la Amistad, pero los rusos atacan constantemente». La declaración subraya que Ucrania no considera seguro reiniciar el flujo de petróleo ruso mientras continúen las hostilidades.
La paradoja es evidente: el oleoducto de la Amistad transporta el petróleo del país que invadió Ucrania, y Kiev lo utiliza ahora como moneda de cambio en su estrategia de supervivencia.
Consecuencias económicas y geopolíticas
La situación tiene implicaciones que van más allá de lo inmediato. Hungría, que depende en un 65% del petróleo ruso, enfrenta serios problemas de suministro. El gigante energético húngaro ya ha amenazado con emprender acciones legales por el acceso al gas, mientras los consumidores europeos observan con preocupación la posibilidad de nuevas subidas de precios.
Por su parte, Eslovaquia, aunque menos dependiente, también sufre las consecuencias de la interrupción. La crisis ha reavivado el debate sobre la diversificación energética en Europa Central, con países como Austria y la República Checa observando atentamente el desenlace.
Un pulso que definirá el futuro de Europa
Analistas consultados por este medio coinciden en que el pulso entre Kiev, Budapest y Moscú trasciende el simple suministro de petróleo. «Estamos asistiendo a una redefinición de las alianzas en Europa Central», afirma el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Varsovia, Jan Nowak. «Hungría parece dispuesta a romper el consenso europea sobre Ucrania, y eso tiene consecuencias geopolíticas profundas».
La pregunta que se hacen en los pasillos de poder de Bruselas, Washington y Moscú es si Zelenski mantendrá su posición o si la presión económica y diplomática lo obligará a ceder. Mientras tanto, el oleoducto Druzhba permanece cerrado, y con él, el flujo de petróleo ruso que durante décadas unió a Europa y Siberia bajo la bandera de la «amistad».
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