La Operación Hades: Cuando la Benemérita se Convirtió en Cómplice del Narco
Un guardia civil reformó su casa por 136.000 euros para esconder droga y dinero
El caso del narcotúnel que conecta Ceuta con Marruecos ha destapado una trama de corrupción policial que parece sacada de una película de acción, pero que es tristemente real. La «Operación Hades», como la bautizaron los investigadores, ha dejado al descubierto cómo miembros de la Guardia Civil fueron sobornados por organizaciones criminales para facilitar el tráfico de drogas entre el continente africano y la península ibérica.
La investigación, que mantuvo en vilo a las autoridades españolas durante meses, ha culminado con la detención de un nuevo agente de la Benemérita. Este funcionario, destinado en el Servicio Cinológico, ha pasado a engrosar la lista de guardias civiles corruptos que facilitaban el paso de toneladas de hachís a través del ferry que conecta Ceuta con Algeciras.
El guardia civil que llegó tres horas antes a trabajar
La secuencia que delató al agente comienza el 26 de junio de 2023, cuando la organización criminal introdujo un semirremolque en el Puerto de Ceuta cargado con 1.977 kilos de hachís. Lo que debería haber sido un control rutinario se convirtió en la pista que desenmascararía toda la trama.
Los agentes del Servicio Cinológico realizaron una «inspección meramente superficial del semirremolque, limitándose a abrir las puertas traseras y realizar una comprobación visual sin detección alguna del contenido ilícito». El vehículo, cargado con droga suficiente para armar a medio barrio, embarcó sin problemas en el buque «Festivo» con destino a Algeciras.
Pero lo que llamó la atención de los investigadores no fue el fallo en el control, sino la presencia de uno de los guardias civiles que trabajaba esa tarde. Este agente estaba realizando su turno a las 18:05 horas cuando «no tenía nombrado servicio hasta las 22 horas de ese día». Cuando sus compañeros le preguntaron por qué se había presentado tres horas antes, el agente respondió que «se había equivocado de horario».
«Un comportamiento resulta anómalo y carente de justificación funcional, evidenciando una presencia voluntaria no motivada por razones de servicio y coincidente, además, con el paso de uno de los transportes de la organización criminal», expone el informe de Asuntos Internos.
Lo más sorprendente es que sus compañeros, en lugar de extrañarse por su llegada anticipada, aceptaron que se pusiera a trabajar con el semirremolque de la banda. Este detalle denotó una cierta connivencia entre ellos que ya están investigados en la causa y estuvieron en prisión provisional.
La confesión que lo cambió todo
El impulso definitivo a las diligencias se dio gracias a la confesión de uno de los máximos líderes de la banda. Este hombre dio el paso de testificar ante la juez Ana María Tardón de la Audiencia Nacional. Proporcionó evidencias claves y también dio nuevos nombres de personas implicadas en la trama del subterráneo.
Con estas claves, el Servicio de Asuntos Internos del Instituto Armado puso el foco en Antonio R.R., un miembro del Servicio Cinológico que había reformado su casa por un importe de más de 136.000 euros y había instalado dobles fondos para esconder dinero y drogas.
La casa del narco-guardia civil
La detención de Antonio R.R. se produjo en noviembre de 2025, y su ingreso en prisión provisional se fundamentó en los delitos de cohecho, contra la salud pública y organización criminal. Lleva en la cárcel desde entonces, aunque el secreto de la operación se levantó hace pocas semanas.
En su vivienda, los agentes hallaron una arma corta de calibre 6,35 mm marca Pinkerton, carente de número de serie legible y un folio con anotaciones manuscritas referentes a los guardias civiles investigados. También se localizó un documento con anotaciones manuscritas donde se observan entregas de dinero que habría realizado para reformar la casa. La cantidad ascendía a los 136.000 euros. No se hallaron facturas correspondientes con estos trabajos.
Pero la sorpresa llegó con el último de los detalles sorprendentes que guardaba su inmueble. Un agente especialista en inspecciones técnicas, mediante una actuación termográfica, detectó una anomalía en la pared contigua al mueble-bar. Ahí se podría encontrar un espacio oculto o un doble fondo.
En la tornillería del mueble había signos de manipulación o de uso frecuente al encontrarse poco apretada. «Mediante la introducción de un dispositivo especializado, confirma la presencia de un hueco de dimensiones medias en el interior del parámetro. Indicar que este tipo de oquedades son muy utilizadas por los miembros de las organizaciones criminales para la ocultación de efectos de procedencia ilícita, como drogas o dinero», explicó en su informe Asuntos Internos.
A pesar de ello, los agentes no aprehendieron una gran cantidad de efectivo. El detenido apenas tenía en su domicilio 750 euros en billetes. Este funcionario aún permanece en prisión provisional por estos hechos.
El precio del silencio
Los investigadores sostienen que este funcionario desempeñó un «papel fundamental» para culminar con éxito el envío de las sustancias estupefacientes. Un lucro económico a cambio del tráfico de drogas. El trío de agentes corruptos cobraba, según afirmó el líder de la banda, una cantidad de entre 70.000 y 100.000 euros por pase de drogas.
«Pese a disponer de un perro adiestrado en la detección de sustancias estupefacientes, no se detectaran los 1.977 kilogramos de hachís que se encontraban en el interior», sostienen las conclusiones de los investigadores.
El misterioso narcotúnel
Uno de los flecos que queda por aclarar es conocer cuál era la función del narcotúnel. El dueño de la nave donde se encontraba permanece fugado mientras Marruecos sigue sin colaborar en la investigación a pesar de los requerimientos de la magistrada.
Lo que sí se sabe es que la organización criminal tenía a sueldo una «estructura de seguridad» gracias a que pagaban a varios agentes que facilitaban el traslado de la droga en el ferry de Ceuta a la Península. En una primera fase de la investigación se detuvo a dos de ellos. Estuvieron durante meses en prisión provisional por estos hechos.
«Con esos dos ahí, yo no me acerco», aseguró un guardia civil destinado en el Odaifi de Ceuta a su compañero. Esta conversación se remonta a enero de 2024 cuando se estaba investigando con el máximo hermetismo la «Operación Hades».
El costo de la corrupción
El avance de la investigación de la «Operación Hades» ha supuesto un varapalo para la imagen de la Guardia Civil, una institución que se precia de ser una de las más honorables de España. La detención de un nuevo agente, que presuntamente había sido corrompido por la organización criminal, ha sacudido los cimientos de la Benemérita en Ceuta.
El caso ha generado un debate sobre la necesidad de reforzar los controles internos y la vigilancia sobre los agentes destinados en zonas estratégicas como Ceuta, donde la presión del narcotráfico es constante y las tentaciones económicas pueden ser irresistibles para algunos.
Mientras tanto, la investigación continúa su curso y se espera que en las próximas semanas se produzcan nuevas detenciones y se desvelen más detalles sobre esta trama que ha puesto contra las cuerdas a una de las instituciones más respetadas de España.
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