China enfrenta una crisis generacional que amenaza su modelo económico y global

China parece imparable en su ascenso como potencia global, pero un análisis profundo revela una realidad preocupante: una sociedad dividida por edades, con ancianos vibrantes, jóvenes sin energía y adultos de mediana edad desesperados. Esta frase, que se volvió viral antes de ser censurada, resume la paradoja de un país que crece económicamente pero enfrenta una crisis de confianza generacional sin precedentes.

El desempleo juvenil: una bomba de tiempo

El desempleo juvenil en China ronda el 17%, una cifra que ni siquiera refleja el aumento del subempleo entre graduados universitarios. Más de 11,8 millones de estudiantes se graduaron en 2024, pero muchos aceptan empleos muy por debajo de su formación. El economista Gao Shanwen describe el fenómeno con una frase que se volvió viral antes de ser censurada en internet: «China está llena de ancianos vibrantes, jóvenes sin energía y personas de mediana edad desesperadas».

Una generación que pierde la fe en el futuro

Las nuevas generaciones, especialmente los millennials y la Generación Z, sienten que el camino hacia una vida de clase media se ha vuelto incierto. Zak Dychtwald, fundador de la consultora Young China Group, lo resume así en Business Insider: «Aunque no haya habido una recesión formal, muchos jóvenes han vivido los síntomas de una recesión, como el desempleo y la precariedad».

El consumo: el motor que se apaga

Durante años, los economistas esperaban que, tras el fin de las restricciones de la pandemia en 2022, los consumidores chinos desencadenaran un fuerte «gasto de venganza». Ese auge nunca llegó porque el chino es menos consumista de lo que parece, es ahorrativo y ahora inversor también. Después de un breve repunte en 2023, el consumo se enfrió rápidamente. Las ventas minoristas siguen muy por debajo del crecimiento anual cercano al 10% que era habitual antes de la pandemia.

La crisis inmobiliaria: el sueño roto

Durante décadas, el llamado «sueño chino» se basó en una promesa simple: estudiar, trabajar duro, comprar una casa y formar una familia. El mercado inmobiliario era la pieza central de ese modelo. Comprar una casa no solo representaba seguridad financiera, sino también un requisito social para el matrimonio y la estabilidad familiar. Ese modelo se está desmoronando. Los precios de la vivienda han caído cerca de un 20% desde su máximo en 2021, tras décadas de expansión inmobiliaria que llevó al sector a representar hasta un tercio del PIB del país.

El fenómeno de «tumbarse»: jóvenes que renuncian a competir

El malestar generacional también se refleja en las redes sociales chinas. Movimientos como «tumbarse» (tang ping) o «déjalo pudrir» se han convertido en símbolos de rechazo a la presión laboral extrema, muy a la japonesa. El primero surgió como protesta contra el famoso horario ‘996’ —trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana— habitual en muchas empresas tecnológicas chinas.

Un problema que ya preocupa a la economía mundial

El debilitamiento del consumo chino no es solo un problema interno. Durante años, las empresas globales contaron con los consumidores chinos para impulsar la demanda mundial. Se esperaba que la creciente clase media urbana comprara productos de lujo, coches, viajes internacionales y servicios, actuando como uno de los principales motores del crecimiento global. Si ese consumo no se recupera, las consecuencias podrían sentirse en todo el planeta.

La otra versión: datos manipulados y realidades estructurales

El desempleo juvenil en China es muy alto, pero los titulares más apocalípticos engañan por dos lados: los datos oficiales se han manipulado al cambiar la definición y, a la vez, el problema de fondo (mucha universidad para muy pocos buenos empleos) sí es estructural y no solo coyuntural, según CNBC.

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