Guadalajara: La Ciudad que el Narco Convirtió en su Casa

La Tensión Persistente tras la Caída de «El Mencho»

Mario, vecino del municipio de Tlaquepaque, en Guadalajara, hace fila en una tortillería el lunes en la tarde. «Son compras de pánico», dice, ante una cola kilométrica.

El domingo, las autoridades mataron a «El Mencho», el narco más buscado del país, y en represalia su gente sitió la ciudad con bloqueos, quemas y enfrentamientos.

Después de tres horas, con sus tortillas bajo el brazo, Mario explica: «Ayer la violencia estuvo muy cerca y hoy ya menos, pero el temor sigue y la gente se prepara para cualquier evento que pueda regresar».

Él hizo la fila para las tortillas, una de sus hijas para el pollo, su esposa para las verduras.

La calma ha ido volviendo a la capital de Jalisco, el estado que da nombre al cartel que lideraba El Mencho: Cartel de Jalisco Nueva Generación. Pero, según Mario, que como conductor de taxi conoce las calles y la gente de primera mano, «el temor persiste».

«Este tipo de medidas (matar a un capo del narco) tal vez son necesarias, urgentes, pero los más golpeados somos la ciudadanía, los que trabajamos en la calle. Ya son 15 años de esto».

15 años, tal vez más, en los que Guadalajara se convirtió en la capital del narco: allí donde lavan la mayor parte de sus ganancias, desaparecen más personas que en cualquier parte y controlan regiones enteras en las que montan centros de reclutamiento y entrenamiento militar.

«En casi todas las colonias de la zona metropolitana se han encontrado fosas de cuerpos, y se ha ejecutado y torturado gente», asegura Mario. «Es muy triste lo que se ha vivido en nuestro estado».


Capital del Narco Ascendente

A Guadalajara, una de las tres sedes mexicanas del Mundial de fútbol 2026, se le conoce como «la segunda ciudad de México» por muchas más razones que su población, cuyo número, entre 5 y 6 millones de habitantes, es el mismo que Monterrey.

Es la segunda ciudad, también, por historia, porque durante la Colonia y el siglo XIX se fundó allí un polo de poder, económico y cultural, tan fuerte como Ciudad de México.

En algún sentido es incluso la primera ciudad, porque de ahí sale la cultura mariachi, ranchera y tequilera que le dio fama al país.

Y en lo que al narco se refiere también: al ser el eje geográfico y económico de una vasta región cercana a Estados Unidos que incluye relevantes estados como Sinaloa, Guanajuato y Michoacán, los narcos hicieron de la capital jalisciense su base durante el auge de la industria en los años 80 y 90.

«Desde que tengo recuerdo esta ciudad está atravesada por el narco», dice Verónica López García, una experimentada periodista cultural de la ciudad. «Primero fue su casa elegida, lo que nos dio una falsa seguridad, y luego nos convirtieron en un campo de guerra, en un territorio en disputa».


La Llegada Agria a la Modernidad

En estas tres décadas Guadalajara vivió un boom inmobiliario y reemplazó su vocación industrial por una economía de los servicios y la tecnología, y en ambos procesos el narco tuvo cierta participación.

El Mencho no solo traficó metanfetamina y fentanilo, sino que construyó un imperio criminal con sofisticadas operaciones de lavado de activos y extorsión.

El Departamento del Tesoro de EE.UU. estima que ocho de cada 10 negocios utilizados para lavar dinero en México ocurren en Jalisco y que 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están allí.

También calcula que el 80% de las empresas dedicadas al lavado en México están relacionadas con el CJNG.

Es difícil que esto ocurriera sin la complicidad de élites gobernantes.

En el caso Camarena se comprobó que oficiales estatales omitieron importantes detalles y encubrieron a algunos de los acusados. Con frecuencia surgen casos de policías destituidos por colusión con el narco. Al alcalde del emblemático municipio de Tequila lo arrestaron por lo mismo.

Jalisco es uno de los estados con mayor impunidad del país: la tasa de casos no resueltos por el poder judicial es, según un estudio de la Universidad de Guadalajara, del 99%.


El Narco Convertido en Cultura

De muchas maneras, Guadalajara no fue tomada por el narco: fue cedida. Los narcos se volvieron parte de la sociedad. Sus hijos entraron a los colegios.

Surgieron lujosos barrios y centros comerciales que hasta el más ingenuo de los tapatíos ve como parte del fenómeno narco.

Surgió una cultura con manifestaciones musicales, estéticas, incluso aspiracionales que para muchos en Jalisco era la única vida posible: la «cultura buchona», esa estética y estilo de vida ostentosos que traspasaron las fronteras del narco.

«Cuando estaba en la preparatoria, a finales de los 80, vi los primeros indicios de esto, de gente con autos de lujo, que iban a Puerto Vallarta de vacaciones», dice López García.

«Eventualmente decidí no ser parte, no ir a tal fiesta, así quisiera, porque sabía que algún vínculo con el narco tenía».

Pero no todos tienen la posibilidad de tomar esa decisión, advierte Verónica: «O porque es la única solución económica, o porque es lo que te exige la cultura, hay mucha gente, muchos chavos, que lo asumieron como parte del paisaje».


El Legado de «El Mencho» y el Futuro de Guadalajara

El líder cuya muerte revivió el trauma histórico de Guadalajara, la ciudad que el narco convirtió en su casa.

Mientras la ciudad se prepara para ser sede del Mundial 2026, el desafío sigue siendo el mismo: ¿cómo reconstruir una ciudad que ha sido testigo de décadas de violencia y corrupción?

La caída de El Mencho no marca el fin del narco en Guadalajara, sino más bien un nuevo capítulo en una historia que parece no tener fin. Mientras tanto, los tapatíos siguen haciendo filas en las tortillerías, preparándose para lo que pueda venir.


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