El cerco energético de Estados Unidos pone a Cuba al borde del colapso: un país sin gasolina, sin comida y sin futuro
Caracas / La Habana – 14 de febrero de 2026 – La crisis que vive Cuba no es solo una emergencia humanitaria, es el colapso anunciado de un modelo económico que sobrevivió siete décadas a base de subsidios externos y ahora se enfrenta a su hora más oscura. El reciente cerco energético impulsado por la administración Trump, que ha dejado a la isla sin combustible, sin transporte público y al borde del paro total, ha puesto al descubierto la fragilidad estructural de la economía cubana y la profunda dependencia que la mantiene atada a la voluntad de potencias extranjeras.
El golpe final: el fin del petróleo venezolano
La orden ejecutiva de Trump del 29 de enero de 2026 no fue un rayo en cielo despejado. Durante meses, la disminución gradual del suministro petrolero venezolano había sido una advertencia clara para los economistas y analistas cubanos. Venezuela, que durante años suministró a Cuba cerca del 60% de su combustible a precios preferenciales, se ha visto obligada a reducir drásticamente sus exportaciones debido a sus propias crisis internas y a la presión estadounidense sobre Delcy Rodríguez.
«Esto no es una crisis temporal, es el colapso de un sistema que nunca fue sostenible», declaró a El País el economista cubano-estadounidense Carlos Alzugaray. «Cuba vivió durante décadas de la generosidad de otros países, primero la Unión Soviética, luego Venezuela, y ahora se encuentra desnuda ante el mundo».
Medidas extremas: la isla se paraliza
En la última semana, el gobierno cubano ha implementado medidas que recuerdan al «Período Especial» de los años noventa. Universidades cerradas, eventos culturales y deportivos cancelados, líneas aéreas suspendidas, turistas reubicados en hoteles y el transporte público reducido al mínimo indispensable. La «Opción Cero» que se había diseñado como plan de contingencia ahora es la realidad cotidiana para millones de cubanos.
«Esto se siente apocalíptico», declaró María Elena, residente de La Habana, en declaraciones recogidas por nuestro corresponsal. «No hay manera de moverse, no hay comida en las tiendas, y el calor es insoportable sin ventiladores. El gobierno dice que es culpa del bloqueo, pero yo sé que esto es mucho más profundo».
La crisis humanitaria que nadie quiere reconocer
Mientras el gobierno cubano insiste en presentar la situación como una prueba más de la «resistencia del pueblo cubano contra el imperio», la realidad es que la isla enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes. La falta de combustible no solo afecta el transporte, sino también la generación de electricidad, la distribución de alimentos y medicinas, y el funcionamiento básico de la economía.
En México y Chile, los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Gabriel Boric han anunciado envíos de ayuda humanitaria, aunque con enfoques diferentes. México lo hace a través de acuerdos bilaterales con el gobierno cubano, mientras que Chile lo canaliza a través de Unicef. Sin embargo, la ayuda llega en medio de una campaña propagandística del gobierno cubano que distorsiona la noción misma de crisis humanitaria.
La represión se intensifica
En lugar de aprovechar la crisis para abrir espacios de diálogo y reforma, el gobierno cubano ha redoblado la represión. Jóvenes activistas que denuncian la falta de libertades han sido arrestados extrajudicialmente, y intelectuales y académicos como Alina Bárbara López Hernández enfrentan acoso policial y judicial por cuestionar tanto la presión estadounidense como la responsabilidad del gobierno en el colapso.
«La demanda de reformas es descalificada como una claudicación cuando la patria está bajo amenaza», explica el analista político Rafael Rojas. «Frente a la hostilidad de Estados Unidos, solo es válida la lealtad unánime a los líderes del país, que rehúyen toda responsabilidad ante la crisis».
El modelo insostenible
La crisis actual no es accidental. La apuesta por el combustible subsidiado, la incapacidad de pagos, la caída del PIB, el presupuesto hiperconcentrado en el turismo y la dependencia de las remesas de la diáspora se convirtieron en elementos estructurales de la economía cubana durante décadas.
«El colapso de Cuba es un colapso anunciado», afirma el sociólogo cubano Rafael Hernández. «Ninguna evidencia histórica convencerá de lo contrario a quienes piensan Cuba como una víctima inerme de Estados Unidos. Esa victimización es resultado de una negación de la historia».
Las ventajas del gobierno en la administración del colapso
A pesar de la gravedad de la situación, el gobierno cubano juega con algunas ventajas. La producción interna de combustible cubana, que alcanza para satisfacer hasta un 40% del consumo energético de la isla, le permite mantener un funcionamiento mínimo. El cerco energético de Estados Unidos no afecta esta producción, y el gobierno parece estar contemplando la «Opción Cero» como una estrategia de subsistencia que podría durar varios meses.
Mientras ese funcionamiento a media máquina no sea rebasado por un estallido social, el gobierno cubano puede jugar la carta de la resistencia. Se trataría, desde luego, de una ficción, pero de una ficción sumamente rentable en una coyuntura en que la agresividad del gobierno de Trump inclinaría a la comunidad internacional a favor de La Habana.
El futuro incierto
Las próximas semanas serán decisivas para el futuro de Cuba. El gobierno cubano parece estar haciendo un cálculo temporal ligado a la expectativa de un giro en las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Si es así, veremos al gobierno cubano involucrándose como nunca antes en el proceso electoral estadounidense y, tal vez, derivando hacia una alianza más orgánica con el Partido Demócrata.
«Sea lo que sea que suceda, este callejón sin salida al que se ha llegado estará profundamente endeudado con la adopción de un modelo de desarrollo improductivo y dependiente», concluye el analista político Armando Chaguaceda. «Las raíces de este colapso se hunden en el propio sistema cubano construido por la Revolución de 1959».
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