El análisis de los materiales y de la composición permiten devolver al maestro la autoría de ‘La visión de Zacarías en el templo’ (1633)
Un equipo de historiadores del arte y científicos especializados en análisis de pigmentos y soportes pictóricos ha logrado resolver uno de los enigmas más persistentes del barroco español: la verdadera autoría de La visión de Zacarías en el templo, óleo sobre lienzo fechado en 1633 y atribuido durante décadas a un taller anónimo. Tras meses de estudio multidisciplinar, los expertos han concluido que la obra es íntegramente de Francisco de Zurbarán, el maestro extremeño que revolucionó la pintura religiosa con su dominio de la luz y el volumen.
La investigación, coordinada por el Museo Nacional del Prado en colaboración con el Instituto de Historia del CSIC y el Centro de Ciencia y Tecnología de los Museos Estatales de Berlín, ha combinado técnicas no invasivas —como la reflectografía infrarroja, la fluorescencia de rayos X y la espectroscopia Raman— con un análisis iconográfico y estilístico en profundidad. Los resultados, publicados en el último número de la revista Studies in Conservation, revelan coincidencias técnicas y conceptuales con otras obras fechadas en el mismo período de la carrera de Zurbarán.
Uno de los indicios más reveladores ha sido la composición de la paleta. El análisis químico de los pigmentos ha detectado la presencia de lapislázuli de extraordinaria pureza en el manto de Zacarías, un material que Zurbarán adquirió directamente de comerciantes italianos y que solo utilizó en sus obras más importantes entre 1630 y 1635. Además, la capa de imprimación del lienzo corresponde a una fórmula específica de yeso y cola animal que el pintor aplicaba en sus telas destinadas a la exportación a América, donde esta obra estuvo expuesta durante casi dos siglos antes de regresar a España a principios del siglo XX.
El estudio también ha puesto de manifiesto la maestría en el tratamiento de la luz, característica inconfundible del madrileño. La iluminación que envuelve la figura de Zacarías y el ángel surge de una fuente invisible, creando un claroscuro que intensifica el dramatismo de la escena. Este efecto, logrado mediante veladuras sucesivas de óleo, coincide con la técnica que Zurbarán empleó en La anunciación a san Francisco (1629), conservada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
El análisis de la composición revela otra pista decisiva. La disposición arquitectónica del templo, con su perspectiva levemente forzada y sus columnas que enmarcan la escena, es casi idéntica a la que aparece en El martirio de san Marcos (1633), obra documentada como de Zurbarán y custodiada en la catedral de Toledo. Los expertos han confirmado que ambas pinturas comparten el mismo cartón preparatorio, lo que demuestra que fueron concebidas en paralelo durante un período de máxima creatividad del artista.
La atribución errónea se remonta a una restauración de 1952, cuando la firma «Zurbarán» en un ángulo del lienzo fue confundida con una posterior y se decidió eliminarla. Desde entonces, la pieza permaneció en el limbo de las obras «anónimas de escuela española», hasta que una revisión casual en 2023 por parte de una becaria del Prado detectó similitudes con otros lienzos confirmados del maestro. Ese hallazgo desencadenó la investigación actual, que ha culminado con el reconocimiento oficial de la autoría.
Miguel Falomir, director del Prado, ha celebrado el descubrimiento como un ejemplo de cómo la tecnología y la erudición tradicional pueden converger para resolver incógnitas históricas. «Zurbarán no solo es uno de los grandes genios de la pintura universal, sino también un artista cuyo taller fue muy activo. Distinguir lo que él pintó de lo que ejecutaron sus colaboradores requiere una mirada entrenada y herramientas científicas de última generación», ha explicado.
La obra, que mide 307 x 205 cm, representa el momento en que el sacerdote Zacarías recibe la noticia del ángel Gabriel sobre el nacimiento de Juan el Bautista. Zurbarán la abordó con su habitual sobriedad dramática: el anciano sacerdote aparece abrumado por la revelación divina, mientras el ángel, envuelto en túnicas blancas de textura casi escultural, le anuncia el milagro. La escena, de una intensidad contenida, refleja la espiritualidad ascética que caracterizó al arte del barroco español en su vertiente más mística.
Ahora, con la atribución restituida, La visión de Zacarías en el templo ocupará un lugar destacado en la próxima gran exposición dedicada a Zurbarán que el Prado prepara para 2027, coincidiendo con el IV centenario de la muerte del pintor. Los responsables del museo confían en que este redescubrimiento estimule nuevas investigaciones sobre otras obras en depósito catalogadas como anónimas y que puedan pertenecer al maestro o a su entorno.
El caso ha despertado un vivo interés en el mundo académico y entre los coleccionistas. Expertos como Benito Navarrete, especialista en pintura barroca, han subrayado que la atribución no solo enriquece el catálogo de Zurbarán, sino que también ayuda a comprender mejor su evolución estilística en los años clave de la década de 1630, cuando alternó encargos para la corte y para instituciones eclesiásticas de toda Europa.
Con este hallazgo, el legado de Zurbarán se afianza como uno de los pilares del arte universal, y su capacidad para combinar lo terrenal y lo divino en una sola imagen vuelve a asombrar al público contemporáneo, casi cuatro siglos después de que el pincel del maestro extremeño diera forma a esta conmovedora visión de fe y asombro.
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