La alfalfa española, víctima colateral de la guerra en Oriente Medio: el bloqueo del Estrecho de Ormuz amenaza un negocio de 452 millones
La industria forrajera española se enfrenta a su mayor crisis en años. El bloqueo del Estrecho de Ormuz por la guerra entre Israel e Irán ha paralizado el comercio con los países del Golfo Pérsico, donde España vendía el 40% de su producción de alfalfa deshidratada de alta calidad. Un producto que alimentaba a los caballos de carreras más exclusivos de Dubai y Abu Dabi, así como a los camellos de las carreras en Arabia Saudí, Qatar o Jordania.
El lujo árabe que se fabricaba en el Ebro
La alfalfa deshidratada española no es un producto cualquiera. Cultivada en el Valle del Ebro (Aragón, Cataluña y Navarra), así como en zonas de Castilla y León, Castilla-La Mancha y Andalucía, esta variedad se ha convertido en el alimento preferido de los veterinarios que cuidan a los équidos más exigentes del mundo árabe.
«El Golfo Pérsico está cerrado. El problema es el Estrecho de Ormuz. No hay barcos», afirma contundente José Manuel, gerente de La Pastora Quinto S.L., empresa especializada en la deshidratación de alfalfa. Un contenedor de 25 toneladas que antes costaba unos 7.000-8.000 euros ahora supera los 10.000, y eso sin garantizar que llegue a su destino.
¿Por qué los árabes prefieren la alfalfa española?
La clave está en el clima del Valle del Ebro y en el sistema de deshidratación. Javier Fatás, responsable de Forrajes de COAG, explica que este proceso permite generar un producto muy homogéneo, con toda la hoja intacta, y que cuenta con un alto porcentaje de proteína además de ser altamente digerible para caballos y camellos.
«Es un producto que se puede sustituir por otras proteínas, pero hay que ganarse el mercado con calidad y seguridad de suministro», añade Fatás. Algo que ahora mismo es imposible garantizar.
Una industria familiar en jaque
La situación amenaza con ser «la última estocada» para las decenas de explotaciones familiares que viven de este cultivo. José Miguel Abenia, representante de UAGA en la Ribera Baja (Zaragoza), pone un ejemplo contundente: «Si alimentas con nuestra alfalfa a una vaca de leche pasará de producirte 20 a 30 litros diarios».
El problema es que mientras los costes de producción (electricidad, fertilizantes, gasóleo) siguen subiendo, los precios de la alfalfa se han desplomado. Hasta ahora se pagaba entre 150 y 160 euros por tonelada, pero con el mercado árabe cerrado, el excedente inundará el mercado nacional provocando una caída libre de precios.
¿Hay alternativas?
La búsqueda de nuevos mercados se antoja compleja. China, con quien España ya mantenía relaciones comerciales, ahora parece un destino poco fiable debido a su situación económica. «La leche está considerada un producto de lujo y con los problemas económicos que tienen, la demanda está flojeando», explica Abenia.
Corea del Sur, otro posible destino, permanece cerrada por la peste porcina africana. India, con quien la UE acaba de firmar un acuerdo de libre comercio, es un mercado «todavía incipiente» del que se desconocen sus necesidades reales.
El dilema de los agricultores
Mientras tanto, los agricultores se enfrentan a un dilema: o venden ahora a pérdidas o mantienen la alfalfa en espera de que el mercado se reactive, asumiendo los costes de almacenamiento y el riesgo de que los precios sigan cayendo.
El sector exige al Gobierno español que realice gestiones diplomáticas con Arabia Saudí, Emiratos y Qatar para asegurar la vigencia de los contratos en vigor. También piden líneas de avales y aplazamientos financieros, así como la constitución de una ‘mesa de crisis’ para coordinar una respuesta común.
Un sector estratégico en riesgo
Lo que está en juego no es solo el futuro de cientos de familias dedicadas a la agricultura, sino también un sector estratégico para la economía española. España es el primer productor y exportador europeo de alfalfa deshidratada, un mercado que alcanzó los 452 millones de dólares en 2025 (390,2 millones de euros).
La guerra en Oriente Medio ha demostrado cómo un conflicto lejano puede tener consecuencias devastadoras en sectores aparentemente alejados de la geopolítica. Mientras los jeques árabes buscan alternativas para alimentar a sus caballos de carreras y camellos de competición, los agricultores españoles se preguntan si podrán sobrevivir a esta tormenta perfecta.
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