Semana Santa se tiñe de polémica: el caso de Noelia Castillo y el debate sobre la muerte asistida divide a la sociedad
Una joven de 25 años pone fin a su vida tras una larga batalla legal, pero el debate sobre la eutanasia se convierte en un circo de bulos y manipulaciones
Ha comenzado la Semana Santa con los restos aún humeantes de un enconado debate, de esos de posiciones irreconciliables, en que precisamente el componente religioso juega su papel. Por supuesto, el caso de la muerte asistida de Noelia Castillo ha dado una buena sacudida a la conversación digital, lo que debe atribuirse especialmente al interés de cierto sector extremista que encuentra en las redes el lugar ideal para alzar la voz.
Fuera de ese marco —y del de las televisiones y digitales que, coordinados con la agitación virtual, juegan a sobredimensionar este tipo de asuntos—, la cuestión ya estaba muy clara. Tras una demora de más de dos años, una resolución judicial aceptaba para esta joven de 25 años el ejercicio a aplicar un derecho reconocido por ley. La decisión sobre la propia vida, según la legislación española, y siempre que se cumplan ciertos requisitos —mayoría de edad, decisión consciente, dolencia irreversible…— solo le corresponde a uno mismo.
El circo en torno al caso de eutanasia de la joven ha alcanzado niveles obcenos, con todo tipo de bulos y falsedades
No se niega aquí que el triste final de esta historia no fuera noticia, ni que se pueda discutir la resolución judicial o la actuación de las autoridades. Ni mucho menos entrar en el fondo del debate de eutanasia sí o no. Pero sí hay que cuestionar los tiempos y formas de esta discusión, que se han quedado en la mera agitación colérica y furibunda propaganda a costa, por cierto, de la muerte de una persona. Y las redes, otra vez, como punto de lanza.
El circo ha alcanzado niveles obcenos. El desfile de mentiras y falsedades que han circulado, de forma absolutamente calculada, dice muy poco de los que defienden una determinada postura. Quizás bastaría en apoyarse en los argumentos religiosos sobre en nombre de qué ente sobrenatural se dispone de nuestras existencias, y no tener que recurrir a retorcer los hechos para crear una imagen de conspiración diabólica. Pero esa nunca es la idea de la internacional del odio.
Los bulos empezaron por señalar a los inmigrantes, que siempre aparecen de boca de estos perfiles. «Ellos», según este relato, fueron los autores de las agresiones sexuales a la joven cuando, supuestamente, estaba bajo tutela en un centro de menores. Los menas, el chivo expiatorio de siempre, y con ninguna base, como siempre. Leer las noticias te permite saber que la primera agresión que sufrió Noelia fue la de su expareja y que la violación grupal que denunció posteriormente tuvo lugar en una discoteca, cuando ya era mayor de edad. Pero para qué informarse. Por no añadir que siempre que hay una violación de este tipo, unos están más pendientes de la nacionalidad de los agresores que de la situación de las víctimas.
Expectación en las puertas del Hospital Residencia Sant Camil, en Sant Pere de Ribes (Barcelona), por el desenlace de la eutanasia de Noelia Castillo, la semana pasada
También se sugirió que el hospital presionó para acelerar el proceso de eutanasia porque ya había comprometido los órganos que la joven. Esta vez el bulo procedió directamente de Abogados Cristianos, la plataforma que trató de parar la decisión de Noelia hasta el último minuto, pero rápidamente se difundió por la red. De poco sirve afirmar que los procedimientos de eutanasia y donación de órganos, son absolutamente independientes.
Así, los ultras logran introducir en el debate otra de sus obsesiones conspiranoicas. Como apuntaba algún lúcido usuario, se trata de una retórica antitransplantes directamente importada del evangelismo estadounidense. De hecho, toda la ceremonia de la confusión en torno al caso de Noelia siguió el manual de agitación que siempre sigue este fanatismo que tanta influencia tiene en EE.UU. y que, dicen los expertos, poco a poco va ganando adeptos en España.
Y el colmo de la ignominia llegó con la sugerencia de que la paraplejia de la joven no era tal, un invento fruto de una conspiración para justificar el «asesinato de Estado», como se atreven a llamarlo sin pestañear. Según esta idea, se trataría de la primera aplicación de la eutanasia en España por «una simple depresión». De poco sirve, de nuevo, argumentar que había informes médicos que afirmaban que su condición era «crónica» e «irreversible». Y mucho menos citar los informes psiquiátricos que, aún admitiendo que presentaba problemas psicológicos, señalaban que tenía plena capacidad para tomar la decisión que tomó.
De nada sirve porque aquí cualquiera se ve con la potestad de juzgar el sufrimiento de un ser humano y de infantilizarlo si es necesario. ¿Habría sido distinto si en vez de una mujer joven, el protagonista de esta historia hubiera sido un hombre mayor? Como repitieron muchas usuarias, «algunos se escandalizan más cuando una mujer decide morir, que cuando las matan». Noelia, ni podía decidir ni la han dejado descansar en paz. Ella era lo de menos.
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