Reverendo de Hollywood se convierte en defensor de zapotecos frente a redadas del ICE
La Opinión | Febrero 2026
Jaime Edwards-Acton, líder espiritual de la Iglesia Episcopal de San Esteban en Hollywood, ha dejado de ser un simple pastor para convertirse en un escudo humano y un símbolo de resistencia para los trabajadores indígenas zapotecos y sus familias, quienes han sido víctimas de las redadas del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en Los Ángeles.
No solo oficia misas, sino que organiza patrullas comunitarias, entrega alimentos semanalmente a 60 familias y se ha convertido en un punto de encuentro para quienes viven con miedo a ser detenidos. Su iglesia, que alberga a cerca de 100 personas —el 80% de origen hispano—, se ha transformado en un refugio espiritual y físico para quienes más lo necesitan.
El detonante fue la redada del 6 de junio de 2023 en la tienda Ambiance Apparel, en el Distrito de la Moda, donde fueron detenidos 14 trabajadores zapotecos. «Fue como un puñetazo al estómago de la comunidad», recuerda Edwards-Acton. El miedo paralizó a las familias, que durante meses solo se conectaban online, como durante la pandemia.
El pastor recuerda que, tras la detención, la comunidad volvió a reunirse presencialmente solo dos meses después. Desde entonces, junto a una congregación judía, organizaron patrullas de vigilancia alrededor de la iglesia, cerraron puertas y controlaron accesos. El plan era claro: si llegaba el ICE, Edwards-Acton saldría a decirles que era propiedad privada y que necesitaban una orden judicial para entrar.
De los 14 detenidos, 11 fueron liberados bajo fianza con grillete electrónico, tres deportados —uno de ellos bajo engaños—, y uno se autodeportó. En octubre, otro miembro de la comunidad fue arrestado y liberado en diciembre. En total, 15 personas vinculadas a la iglesia han sido detenidas por el ICE, aunque 12 lograron recuperar su libertad.
Fueron las hermanas Jennifer y Citlali Alejo, organizadoras comunitarias del Área de la Bahía, quienes lanzaron el movimiento Lucha Zapoteca para liberar a los detenidos. «Hicieron un trabajo increíble«, dice el pastor. Con una conferencia de prensa al día siguiente de la redada, lograron captar atención mediática y recaudar 250,000 dólares a través de GoFundMe para pagar fianzas y abogados.
Pero el apoyo no fue solo legal. Edwards-Acton y su equipo organizaron marchas, vigilias y oraciones, y garantizaron que las familias tuvieran comida y dinero para pagar el alquiler. «No podíamos dejar que se preocuparan por sobrevivir mientras luchaban por sus seres queridos», afirma.
Cuando el primer detenido liberado se unió a un servicio dominical online, su testimonio conmovió a todos. «Describió la experiencia como deshumanizante: los dejaron encadenados en una camioneta durante 17 horas sin poder usar el baño. Cuando llegaron a Adelanto, estaba abarrotado y helado. No aguantó y se derrumbó en medio de su relato. Fue muy valiente«.
La comunidad zapoteca, que mantiene su identidad ligada a su santo patrono San Marcos, encontró en Edwards-Acton un puente cultural y espiritual. «No es común que un grupo tan unido se una a la Iglesia Episcopal, pero lo hicieron porque no tenían un lugar de acogida«, explica.
El pastor no se limita a su parroquia. Es líder en una red de respuesta rápida que organiza capacitaciones con clérigos y comunidades de fe, y copreside Sacred Resistance, un movimiento interreligioso nacido en 2016 durante el primer mandato de Trump. «No somos pasivos, resistimos activamente a las políticas perversas», afirma.
En su iglesia, cada semana se reparten cajas de alimentos a 50 familias, y voluntarios llevan despensas a quienes no se sienten seguros de salir. «La no violencia no significa callar. Alzamos la voz, no nos escondemos», insiste.
Edwards-Acton advierte que lo que hoy se vive en el país comenzó en Los Ángeles en junio pasado. «Íbamos al centro todos los días cuando había Guardia Nacional, sheriff, policía, CBP e ICE. Pensé que aquí no teníamos este nivel de violencia, pero me equivoqué. Aquí han muerto trabajadores como Robert Montoya, perseguido por la autopista, o el que se cayó de un techo en Oxnard».
Su labor se extiende por seis condados, incluyendo Oxnard, Ventura, San Bernardino, Santa Bárbara, Santa María, el Inland Empire y el condado de Orange. «Podríamos hacer mucho más», admite. «Es parte de nuestra vocación».
Con la reciente muerte de Alex Petri, Edwards-Acton y su red organizaron una vigilia frente a la catedral, a la que se sumó el arzobispo José Gómez. «La fe no puede quedarse callada ante la injusticia», sentencia.
En un contexto de miedo y desconfianza, el reverendo Jaime Edwards-Acton se ha convertido en una luz de esperanza, un líder comunitario y un defensor incansable de quienes más lo necesitan. Su iglesia ya no es solo un templo: es un bastión de resistencia en Hollywood.
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