La larga espera de Iyad: dos años de agonía en Gaza por un trasplante que nunca llegó
Iyad al Balbisi tenía todo listo para noviembre de 2023. Un equipo médico internacional llegaría al hospital Al Shifa de Ciudad de Gaza para trasplantarle un riñón, poniendo fin a años de diálisis por su problema renal crónico. Pero el destino tenía otros planes.
Un mes antes, Hamás sorprendió al mundo con su ataque del 7 de octubre y Israel desató una campaña militar que transformó la vida de los Al Balbisi en dos años de desplazamientos constantes y búsqueda desesperada de diálisis en hospitales saturados con decenas de cadáveres diarios.
Iyad, ahora con 21 años, tiene desde 2024 una derivación médica para recibir diálisis y un trasplante de riñón en el extranjero, explica su hermano Mazen. Pero sin poder salir de Gaza, se ha convertido en un simple papel más entre miles de gazatíes necesitados de evacuaciones médicas urgentes que coordina Naciones Unidas.
La chispa de esperanza de Rafah
Esta semana, la tardía reapertura por Israel del paso de Rafah, la frontera entre Gaza y Egipto, ha encendido una chispa de ilusión en la familia. Los pacientes médicos tienen prioridad para abandonar la Franja.
Pero la esperanza brilla con poca luz. Las salidas están siendo a cuentagotas: apenas medio centenar en la primera semana, muy por debajo de las 250 esperadas. «Con tantos pacientes y tan pocos permisos, ¿cuándo podrá viajar Iyad?», lamenta Mazen a través de WhatsApp.
Al ritmo actual, llevará tres años evacuar a todos los integrantes de una lista que sigue creciendo diariamente.
«Han pasado dos años y seguimos esperando», dice Mazen. «Aquí en Gaza, sufre a diario. La apertura de Rafah nos ha dado esperanza de que sea evacuado para recibir tratamiento y sesiones de diálisis normales».
Una realidad insoportable
La realidad actual de Iyad consiste en esperas de hasta 12 horas para dos horas de diálisis. Si la situación ha mejorado levemente, es porque los hospitales del sur ya no soportan toda la presión y porque la mitad de quienes necesitaban diálisis ya han muerto.
El caso de Iyad no es excepcional. La Organización Mundial de la Salud sitúa en más de 18.500 los registrados para evacuación médica urgente en una población de más de dos millones. El Ministerio de Sanidad de Gaza la eleva a unos 20.000. De ellos, 540 son casos críticos, explica el director del hospital Al Shifa, Mohamed Abu Salmiya.
Unos 10.000 son heridos por fuego israelí en estos dos últimos años. «Muchas de estas lesiones traumáticas son bastante antiguas, de meses, pero necesitan un seguimiento y atención más especializados», explica Kate Charlton, coordinadora sanitaria de Médicos sin Fronteras.
Una sanidad diezmada
Otros miles no son fruto de la invasión, sino enfermos para los que una Gaza devastada carece de respuesta. Como unos 4.500 de cáncer, según Abu Salmiya. El ejército israelí ha dejado la mitad de los hospitales totalmente fuera de servicio y ha matado a más de 1.700 trabajadores médicos.
«Hoy, en Gaza, cuesta conseguir hasta paracetamol», dice Abu Salmiya.
Las cuatro principales necesidades para evacuación médica urgente son oncología, anomalías congénitas, oftalmología y enfermedades cardiovasculares, explica Bisma Akbar, de la OMS. «La cifra aumenta a diario a causa de heridas complejas y las necesidades a largo plazo de los pacientes. Es un proceso continuo».
Muertes silenciosas
Ahmad al Batniji murió esperando una evacuación. Sucedió en agosto de 2025, cuando Israel utilizaba más que nunca el hambre como castigo colectivo en Gaza, provocando una hambruna para más de un millón de personas.
Ahmad, de 17 años, sufría de celiaquía, lo que le hacía casi imposible sobrevivir entre tanta privación. «Necesitaba panes y comidas especiales. Con la guerra, perdimos todo eso y su condición empeoró mucho», cuenta su madre, Fatima.
El cerco completo israelí le privó de «la carne, pescado, aves y huevos que necesitaba». Solo obtenían comida enlatada y productos con gluten. La familia rellenó el formulario para pedir su evacuación médica urgente, pero murió antes siquiera de ser incluido en la larga lista.
«¿De qué nos sirvió hoy que abra el cruce cuando ya es demasiado tarde?», lamenta Fatima. Las autoridades sanitarias estiman en más de 1.000 los muertos por falta de tratamiento.
El laberinto de la evacuación
La suerte de los integrantes de la lista no depende solo de Israel, sino también del resto de Estados, que deben comprometerse a costear el proceso. Desde octubre de 2023, unas 7.600 personas han sido evacuadas para recibir tratamiento en el extranjero, según la OMS.
El camino comienza en un médico con potestad para pedir la evacuación. Un comité ministerial de derivación valora la petición. Y, si confirma que el herido o enfermo cumple los criterios y no puede ser tratado en Gaza, notifica su nombre a la OMS.
Desde entonces, deben decir sí a hacerse cargo del viaje, la estancia y el tratamiento, también de los acompañantes. Sin su luz verde, Israel no abre las puertas de la evacuación.
Desde que Israel ocupó el paso de Rafah en mayo de 2024, el número cayó en picado. Pasaron a otra vía: Kerem Shalom, un cruce de Israel con Gaza. El COGAT, su organismo militar, cifra las salidas por allí desde entonces en casi 5.000 y subraya que no ha limitado su número en ningún momento.
El 80% han correspondido a Egipto, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. La suma de todos los países de la UE no llega al 10%.
Nuevos problemas, viejas tragedias
Ahora, la reapertura de Rafah alivia en parte el problema de la búsqueda de candidatos, porque implica que Egipto acepta hasta 50 pacientes diarios. Pero deja otros dos sin resolver.
Uno es que, a medio plazo, los hospitales egipcios carecen de capacidad para darles el tratamiento necesario, por lo que la evacuación corre el riesgo de transformarse en una forma de salir de Gaza para iniciar una yincana de búsqueda de atención privada o acabar en otro país.
El otro es el tope de dos acompañantes que Israel impone al salir por Rafah. Enfrenta a muchas familias, que suelen ser amplias, a un trágico dilema: salvar la vida de un hijo supone dividirse y dejar hermanos a cargo de otros familiares durante un tiempo particularmente indefinido.
Akbar, de la OMS, insiste en la importancia de rehabilitar el sistema de salud de Gaza para reducir la dependencia de las evacuaciones médicas. No es hacia donde se dirigen las cosas.
El alto el fuego está ya, en teoría, en la fase de reconstrucción, pero el Gobierno de Netanyahu está condicionando su inicio al desarme previo de Hamás.
Como a menudo en los dos años de invasión, Israel cierra la puerta a las vías más directas y eficientes, alegando motivos de seguridad. Es el caso de las evacuaciones médicas, a través de su territorio, desde Gaza hasta hospitales en Cisjordania y Jerusalén Este.
La vía estuvo abierta hasta el ataque de Hamás de octubre de 2023 y, recuerda Akbar, «sigue siendo la más efectiva en cuanto a coste y tiempo». Ahora, la ONU, Estados y ONG piden su reapertura, pero Israel argumenta que implicaría «riesgos de seguridad».
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